Shismay – Mancapozo
Tras las huellas del pasado y en pos de leyendas locales tejidas alrededor de piedras, casonas, corredores y lagunas, iniciamos este recorrido por el idílico paisaje de la micro-cuenca de Mancapozo al este de la ciudad de Huánuco - Perú, avanzando lentamente por sus montañas, disfrutando en nuestra travesía de profundas cañadas y campos cubiertos de sementeras y como si se tratase de un paraíso perdido, vemos entremezcladas hermosas Casa Haciendas recuerdos de un pasado glorioso junto a casas típicas de la región y añejos eucaliptos.
Jatún Rumi y la Virgen Arañaru
La primera leyenda, La Leyenda de Jatún Rumi nace a poca distancia de La Esperanza, entretejida sobre una enorme roca. Cuenta la leyenda que las tribus de La Esperanza y Malconga eran sumamente belicosas y vivían frecuentemente en luchas irreconciliables. El cacique Pañara de la tribu La Esperanza tenía una hija poseedora de una cautivante belleza; el joven guerrero Jarahuaura, hijo del cacique de la tribu de Malconga, quedó prendado de ella y decidió hacerla suya a pesar de la oposición de los padres.Janahuaura, para consumar su propósito reunió a sus más valientes hombres y fueron en busca de la bella Arañaru. Pañara, tomado por sorpresa, salió a defenderse, pero luego de una sangrienta lucha Janahuaura y sus guerreros lograron reducirlo. Sin embargo, cuando el joven guerrero, triunfante, retornaba a Malconga con Arañaru en sus brazos, Pañara que había huido en la confusión, salió repentinamente de una quebrada y sin darle tiempo para defenderse, cortó la cabeza a Janahuaura. Igual suerte corrieron sus compañeros. El Huamán, celoso vigilante de Malconga, que los había estado observando, apenas Jarahuaura sucumbió en manos de Pañara se levantó en raudo vuelo y tomando con sus potentes garras a la hermosa Arañaru se elevó muy alto y se fue llevándosela con dirección a la selva. En ese instante, la cabeza de Jarahuaura, ante el asombro de Pañara, se convirtió en una enorme roca y la de sus compañeros en pequeñas piedras. Hoy sobre la gigantesca roca los lugareños han colocado una talla de la Virgen María que los locales la llaman Arañaru.
Continuando nuestro camino y a poca distancia de Jatún Rumi divisamos la singular torre de la Casa Hacienda del Prado ocultando su belleza tras la copa de hermosos y tupidos árboles. Seguimos ascendiendo y vamos dejando atrás los aromáticos nísperos, las guayabas y las buganvilias, se siente el cambio en el aire y observamos la limpidez del cielo que nos augura un placentero recorrido. La ruta cruza Malconga, donde el camino se desliza al borde de un acantilado, desde allí ya podemos percibir en la infinita distancia la hermosa campiña toda verde con sus montañas que hacen enmudecer la voz y alertar los sentidos.
Cruzando la quebrada de Huaripampa, donde el agua que baja a tumbos va arrancando el sonido a las piedras, llegamos a Paucar. Este es un tranquilo poblado andino, que lentamente está desarrollándose y cuenta con plaza de armas, colegio y posta médica.
Surcando varias curvas en el camino vemos la imponente Casa Hacienda Shismay, declarada Monumento Histórico, hoy convertida en un hotel pequeño pero bien implementado y centro del programa de turismo de la Comunidad Campesina de San Sebastián de Shismay.
Casa Hacienda Shismay, Huánuco - Perú.
Para llegar a ella pasamos la quebrada de Huagayragra llena de alisos y flores nativas de los Andes. La Casa Hacienda Shismay nos invita a cobijamos bajo el alero de sus arcos majestuosos rodeada por un vibrante paisaje.
La Casa Hacienda Shismay tiene sus propias leyendas: La “Leyenda del Chasquido de herrajes y resoplido de corceles”, nos cuenta que hace muchísimos años cuando aún vivía Don Javier Rolando, el último habitante de esta casona, en noches de luna llena era despertado por resoplido de corceles y chasquido de herrajes que avanzaban presurosos haciendo estremecer el piso del corredor. Los pasos de los caballos trepidaban, resbalaban, se alejaban y al llegar a la entrada de la capilla parecía que con horror se detenían.
Don Javier quien era hombre de coraje y mandando al diablo su terror, salía rápidamente, pensando siempre, que eran sus caballos que había subido hasta el corredor. Alumbrado por la luz de la luna claramente podía ver a los perros que aullaban, porque parecía que ellos veían algo que él no podía ver. Y quedaba pensativo…….
Por aquella época se inició la restauración del piso de la Capilla de la Casa Hacienda y al remover las lajas se encontraron los cadáveres de dos soldados chilenos enterrados con sus uniformes y armas. Ante este hallazgo se paralizó la obra, el padre Cipriano Céspedes Párroco de la Merced y amigo personal de Don Javier, fue llamado. El sacerdote celebró una misa de difuntos y los restos fueron trasladados al cementerio de Shismay. Desde entonces no se volvieron a escuchar más ni chasquidos de herrajes ni resoplido de corceles.
El dos de Abril de 1879, Chile declara la guerra al Perú, es esta desigual contienda donde el Perú perdió la guerra pero no el honor, muchos Huanuqueños ofrendaron sus vidas a la Patria, siendo uno de ellos, Leoncio Prado el héroe de Huamachuco.
Aquí unas líneas de Monseñor Rubén Berroa, en relación a la ocupación chilena de Huánuco. “Después de la guerra siguió la ocupación chilena de nuestro territorio. ......
Entre los varios abusos que cometieron los chilenos, fue el de imponer a Huánuco un cupo de 800,000 soles que se llevaron en dinero efectivo y alhajas, amen de haber talado los campos e incendiado las fincas. (1)
Recogiendo la historia de los locales, ellos cuentan que un grupo de chilenos subieron por La Esperanza a Shismay y los Paucarinos y Malconginos los enfrentaron en Chilipampa, pero fueron vencidos. Dos de ellos prosiguieron hacia Shismay, los Shismainos les tendieron una emboscada y les dieron muerte, temerosos de brutales represiones los enteraron con todas sus armas en la capilla.
La Casa Hacienda Shismay con más de 150 años de historia, nos ofrece otra de sus Leyendas, “El temible corredor del cura sin cabeza”
La Casas Haciendas distantes de las ciudades, eran núcleos para la propagación de la fe cristiana, por eso tenían capilla y contaban con habitaciones destinadas a los sacerdotes que venían a hospedarse y ofrecer los servicios religiosos. En la casa Hacienda Shismay dicha habitación está ubicada en un corredor amplio contiguo a la capilla y la llaman el “Cuarto del Cura”.
La leyenda cuenta que en noches de luna llena, han visto salir de dicho cuarto a un monje sin cabeza que deambula por el corredor.
Mucho tiempo atrás, moraron en esta hermosa casona mamá Fillica con sus hijos. La hija mayor joven muy trabajadora, ayudaba con el mantenimiento de la Hacienda.
El cura sin cabeza en el temido corredor de la Casa Hacienda Shismay, Huánuco Perú
Una noche de luna llena, la hija de mama Fillica fue enviada a traer cigarrillos del dormitorio principal, para lo cual tenía que pasar por el temible corredor; sin embargo dueña de sí misma y no creyendo en leyendas rápidamente fue a cumplir su cometido. Al pasar por el corredor un viento súbito apagó la vela encendida que llevaba. La joven se llenó de valor y decidió continuar su camino, pero al pasar por la puerta del “cuarto de cura”, unas manos la sujetaron por los hombros, la joven miro hacia atrás y con la luz de la luna llegó a distinguir entre las penumbras la silueta de un fraile, pero sin cabeza. Ella no recuerda más.
Como la joven demoraba en regresar, mamá Fillica salió a buscarla y cuál sería su extrañeza al encontrarla desmayada y botando espuma por la boca. Inmediatamente pidió auxilio y condujeron a la joven a su habitación, quien felizmente recuperó el sentido y narró la historia.
A pesar del paso de los años y de no haberse repetido evento similar, esta leyenda se mantiene viva en la mente de los que viven en Shismay, y en noches de luna llena nadie se atreve a pasar por el temido corredor.
Dejando atrás las tenebrosas leyendas y llamados por la naturaleza desbordante de la campiña continuamos nuestro recorrido. Seguimos avanzando y en cada curva tratamos de acariciar con nuestras manos los surcos marcados en sus quebradas por el tiempo.
Microcuenca de Mancapozo Vista desde las alturas de Jatumpozo, Huánuco Perú.
La vista de la microcuenca está ahora a nuestros pies, sus diversos tonos de verde forman un manto para nuestras ilusiones que nos llena el espíritu de energía. Embriagados por el paisaje llegamos a la laguna Parguincho donde nos aguarda la Leyenda del Apallacuy.
La Leyenda del Apallacuy, esta tejida sobre la silueta de una roca que gracias al espejismo de la distancia parece la silueta de una madre que amamanta a su hijo; cuenta la leyenda que se trata de una cándida doncella, que por amoríos furtivos con el heredero de un poderoso señor Chunatagua, concibió un hermoso niño.
Deseosa de mostrar el fruto de su amor a su amado huyó de las comarcas huallaginas, sin embargo en las cumbres de Pargüincho, mientras se detuvo a tomar alimentos y amamantar al chiuchi, fue sorprendida por los jircas tutelares quienes la petrificaron con su hijo para eterno testimonio y enseñanza de amor maternal.
La roca del Apallacuy
Aquí en Parguincho que fue tierra de águilas de sombríos plumajes, de pumas feroces, y gráciles venados quizá ahora escondidos en parajes más alejados, contemplamos hermosas flores y un sinfín de líquenes que nos indican la pureza del aire
Continuamos nuestra ruta hacia nuestro destino final la Laguna de Mancapozo, y hasta allí llegamos donde nos espera la última leyenda de nuestro viaje, La leyenda del Waracuy.
El Waracuy, Laguna de Mancapozo Shismay, Huánuco Perú
El Waracuy, Laguna de Mancapozo Shismay, Huánuco Perú
Esta leyenda nos cuenta, que en el lóbrego y sombrío lecho de la laguna, vive una enorme y horripilante serpiente alada que cuida cuantiosos tesoros que la llaman Waracuy. Cuentan que el Waracuy era hijo del Jirca en una mujer soltera. El Aukin se había burlado de ella, dándole por hijos enormes serpientes aladas para que cuidara sus tesoros en las profundidades de los manantiales y en el lecho de las lagunas.
En una ocasión las aguas de la laguna después de una torrencial lluvia se embravecieron y la laguna se desbordó produciendo un enorme huayco. El Waracuy iba volando sobre la cresta del huayco y con su cola dirigía las aguas que iban arrasando todo cuanto encontraba a su paso, hasta llegar al Huallaga.
Se cuenta también que el Waracuy sale veloz como un rayo cuando el sol interrumpe sus tétricas aguas después de la lluvia y clava sus dientes sobre el Huallaga transformándose en un enorme arco iris.

Y para terminar estas historias, les contamos que Mancapozo nos sorprende con su cielo azul y sus caminos de silencio impregnados de sabiduría que asoman desde cada piedra y por allí avanzamos a través de sus senderos construidos por el tiempo en difícil ascenso con obstáculos, que nos obligan a buscar, sobrellevar, triunfar, caer y levantar y en la cima las montañas nos ofrecen una hermosa vista de la cordillera generosa, que es digna de admiración, y desde allí podemos admirar la grandeza de la propia inmensidad. Y así en lo alto después de tocar el cielo concluye nuestro viaje con la única esperanza de regresar.



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